Covid-19 o la pequeña pandemia.

 

Comparar el coronavirus con la contaminación es un desatino. La proporción de muertes que causará esta cruel pandemia es minúscula comparada con la que causa la contaminación cada año en el planeta.

Se asemejan por sus causas fatales. Se diferencian por el uso mediático que puede hacerse de una u otra, además de por los intereses que llevan asociados.

El coronavirus es capaz de llenar las UCI‘s de los hospitales, concentra la muerte de forma cruel y aparatosa, y no sacamos de ella más beneficio que el sufrimiento.

La contaminación conlleva unos intereses económicos brutales, da poder a algunos Estados y esclaviza a otros. A todo ello podemos añadir que somos causantes directos de una parte de esta contaminación e indirectos de la otra, porque permitimos que se produzca para mantener este estilo nuestro de vida de los últimos 70 años. El crecimiento continuado, necesario para el sistema, la producción sin límite de los mercados y nuestro consumo desmesurado son los tres elementos necesarios para que perviva.

El propio secretario general de la ONU, António Guterres, en plena crisis por el coronavirus, pone sobre la mesa que “el cambio climático es más mortal que el coronavirus”. De hecho, el informe anual que Ecologistas en Acción publica sobre la calidad del aire subraya que, en 2018, 30.000 personas murieron de forma prematura en España por afecciones derivadas de la contaminación del aire.

Los efectos que todos podemos comprobar hoy son que la reducción de la actividad industrial y el cese prácticamente total de los desplazamientos mediante vehículos a motor han provocado un espectacular descenso de la contaminación.

En Madrid y Barcelona se barajan descensos superiores al 60% de los indicadores normales.
En Venecia y Milán son superiores.
En Baleares se cifra en un 50% la reducción de contaminantes.

El futuro es incierto, no porque no tengamos posibilidades de adaptarnos, sino porque no sabemos cómo se van a gestionar los cambios.

La realidad se impone poco a poco y deberemos aceptar más pronto que tarde que un consumo consciente, saber vivir mejor con menos, distinguir entre lo que se necesita realmente y lo que es superfluo es actualmente un ejercicio necesario e inteligente.

El Covid-19 pasará, como han pasado ya otras pandemias recientes, aunque este primer mundo las ha puesto en forma de pantalla plana, aséptica y distante para que no sean noticia o sean una noticia menor.
Lo que no pasará es la contaminación:
Una gran pandemia orquestada por todos, ayudados y camelados por el actual sistema capitalista, que primero preserva la economía, la producción, el consumismo, así como las cuentas de resultados, y en segundo término relega a los humanos y su salud.

La pandemia de la contaminación está con nosotros cada día y sabemos que cada año provoca la muerte de 30.000 personas solo en España, sin estado de alarma, sin ejército por las calles, sin confinamiento, sin imágenes impactantes, sin UCI‘s atestadas, de forma callada, pero inexorable.

Reducir la contaminación es evitar la pandemia perpetua.

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